La expansión de la escucha

Artista

Catriel Nievas

Abstract 

La expansión de la escucha es un recorrido personal y conceptual que explora cómo la escucha, más allá de su sentido auditivo, se ha convertido en una forma de vida, una práctica afectiva y un espacio de encuentro con uno mismo y con los demás. A partir de experiencias personales, prácticas como el Deep Listening de Pauline Oliveros, la investigación sobre vibraciones de Shelley Trower y la filosofía de los afectos de Spinoza, el texto propone una escucha que afecta y es afectada, que transforma cuerpos y memorias, que genera placer o dolor, y que puede ser tanto una herramienta de sanación como una forma de resistencia. En un mundo saturado de estímulos, pensar la escucha como ética y territorio abre la posibilidad de crear nuevas formas de vínculo, presencia y sensibilidad compartida.

 

0. Intro

La escucha se está expandiendo. Cada vez es más frecuente encontrarse con la palabra “escucha” en posteos de redes sociales, artículos en medios y videos, asociada a diversas prácticas de autoconocimiento y bienestar. Creo que es un acontecimiento notable y lo celebro cada vez que se cruza en mi camino. Pero, a veces, cuando leo con detenimiento, advierto que esa palabra se asocia a ideas y conceptos que no parecieran conectar con mi propia forma de entenderla.

Durante este último año, la escucha pasó a ser parte de mi vida cotidiana y una de las palabras que repito con más frecuencia. Llegué a incorporarla para conversar a diario con familiares, amigos, incluso en charlas casuales con extraños. Inicié un newsletter semanal para compartir y explorar el universo que, para mí, se despliega en torno a ella; dicté un seminario virtual, tomé talleres, leí, posteé, subí historias y formé un grupo de investigación.

Esta forma particular de habitar la escucha no es tanto una idea teórica, sino una experiencia sensible que me conecta con diversos modos de ser y estar en el mundo. Desde que empezó a formar parte de mi léxico cotidiano, aprendí que, como casi todas las grandes palabras, tiene una enorme cantidad de usos y puede referirse tanto a una sesión de vinilos como a un podcast de marketing. La escucha literalmente está en todos lados. Por eso me interesa delimitar mi propia concepción de ella, a partir de la experiencia de escuchar y escucharse. Pero, como cada encuentro es siempre singular, quisiera recorrer el mío a través de la idea de “afectos”, porque es allí donde creo que aparece algo que se diferencia de las otras propuestas o formas de escuchar que existen actualmente.

En este texto me gustaría compartir una manera de entender la escucha que vengo construyendo desde hace un tiempo. Haré un breve recorrido por algunas ideas tomadas de lecturas de Shelley Trower, prácticas de Pauline Oliveros y, principalmente, de la filosofía de Spinoza.

 1 . Adentro

Desde el momento en que conocí la práctica de Deep Listening de Pauline Oliveros, comprendí que para mí la escucha era principalmente una forma de vincularse. No solo con otras personas, animales o entornos y contextos que nos rodean, sino sobre todo con uno mismo. Nuestra capacidad de escucharnos y escuchar nuestros recuerdos, los sonidos del cuerpo o el sonido de nuestra propia voz pareciera estar dormida o en pausa, y prácticas como la escucha profunda la reavivan y la traen a la superficie.

Cuando leí por primera vez las 13 preguntas de Ear Piece, en el libro Deep Listening, al llegar a la última, “¿Cuál es el sonido más significativo para vos?”, me conmoví fuertemente. Realicé workshops de escucha en varias provincias y ciudades de Argentina, y también en México, con personas de diversas edades, formaciones, trabajos, contextos y niveles educativos, en todas ellas comprobé que esa pregunta genera un momento y una sensación verdaderamente muy poderosa. 

A menudo la palabra autoconocimiento es menospreciada, y creo que una de las razones puede ser el temor que conlleva admitir que no nos conocemos del todo. Cada vez que formulé esa pregunta, regresó a mí una constelación de sonidos de mi pasado: no palabras, sino murmullos, inflexiones, suspiros. La voz de mi pareja, de mi familia, de amigos que ya no están. A veces también aparece el gruñido suave de mis mascotas; otras, una superposición de todos esos sonidos, e incluso de algunos que dudo haber oído realmente.

Luego de realizar esta pregunta (que es la última de la serie), se crea un silencio largo y profundo en el que se puede palpar una sensación de confusión, placer, tristeza y renovación. Los sonidos del entorno parecen lejanos, ya que la inmersión en la escucha fue tan profunda que salir a la superficie se parece a sumergir una hoja en un estanque y verla emerger meciéndose suavemente.

Y no solo sucede algo en la mente y la memoria, sucede algo en el cuerpo. Los sonidos que nos dejaron sensaciones en nuestro pasado resurgen en el momento de traerlos a la memoria e indican nuevamente que algo sucedió.

2 . Vibraciones 

A menudo entendemos el sonido como una entidad abstracta, invisible e intangible. Sin embargo, deja marcas palpables en el cuerpo y modifica nuestra forma de sentir y experimentar el mundo. Recomiendo especialmente Ear Piece, para percibir estas sensaciones y advertir el potencial afectivo que despliega esta práctica en nosotros mismos y en los demás.

Cuando conocí a Pauline, también descubrí una serie de ideas y pensamientos que se vinculan con el sonido y la escucha desde una perspectiva territorial, social, vincular, emocional y corporal, que parecen habitar en un ecosistema con condimentos similares a los de la acústica, la música, la filosofía, el arte y la sociología.

En ese recorrido apareció Shelley Trower, cuya investigación sobre la vibración me fascinó. En su libro Senses of vibration la autora desglosa la historia de la vibración aplicada a diversas actividades humanas, desde investigaciones científicas estrictamente relacionadas a la física, el diseño de parlantes y sistemas de sonido, hasta la vibración aplicada a prácticas espiritistas, meditaciones guiadas o con fines religiosos. El libro se abre con una escena personal: su vínculo con el sonido en las raves de música electrónica a las que asistía para bailar. Allí describe los sonidos graves como sensaciones vibratorias en sus pies, estómago y pecho, y cómo el alto volumen de los parlantes convierte los sonidos agudos en una presión dolorosa en sus tímpanos. Es interesante destacar el subtítulo del libro Una historia del placer y el dolor a través del sonido. Esta noción me parece clave para expandir la escucha, el sonido genera sensaciones físicas que pueden darnos placer y dolor real en nuestro cuerpo. 

El sonido no solo entra por nuestros oídos como información, sino que literalmente impacta nuestro cuerpo en su totalidad. Un portazo que irrumpe a nuestras espaldas altera de inmediato la postura, nos tensa, nos obliga a girar la cabeza y deja una marca que quizá nos acompañe durante el día. Los oídos son el órgano mejor dispuesto para decodificar mensajes sonoros, pero ¿qué lugar ocupan en esa experiencia la piel, los pies, los huesos, los músculos?

En 2017 tuve la posibilidad de asistir al Festival TSONAMI como residente. Allí tomé clases con el artista Thierry Maidot, quien compartió con nosotros su mesa de masaje sonoro. Podíamos acostarnos sobre una tabla de madera con los ojos y los oídos tapados, mientras otros participantes frotaban distintos elementos sobre la superficie: bolitas de goma, baquetas de madera, escobillas de metal. Eso transmitía vibraciones que, si bien no podíamos escuchar, sí podíamos percibir con el cuerpo y, principalmente, en los huesos, por el contacto directo con la madera.

El sonido es vibración que necesita un medio para propagarse, la energía sonora contagia las partículas de aire, agua, metal o madera. La vibración genera una marca sensible en las superficies, en los materiales, en los cuerpos y sus memorias. Un secreto contado al oído es una vibración sutil y cálida que se transmite desde una boca hacia un oído atento que se abre curioso. Esa vibración nos afecta de formas únicas y pasa a conformar nuestra historia y nuestra forma de estar en el mundo a solas y con otros.

2 . Afectos 

Pensar la escucha, es un ejercicio que atraviesa las disciplinas. La filosofía de Baruch Spinoza ejerció sobre mí una atracción magnética incluso antes de que lograra comprenderla del todo. Luego de ver videos y escuchar podcasts que hablan sobre su obra me embarqué en Ética (1660–1677) que para quienes le conocen es su obra más emblemática.  Allí apareció una forma de pensar la existencia como una red de cuerpos, fuerzas y relaciones que se afectan entre sí, en una onda expansiva de afectos que se propaga, nos mueve, nos inclina y modifica nuestra manera de obrar. Cuando un afecto aumenta nuestra potencia, se experimenta como alegría y abre la posibilidad de una acción más afirmativa; cuando la reduce, se experimenta como tristeza y estrecha nuestra capacidad de actuar.

Es mucho más complejo que eso, pero lo interesante es la relación directa entre la forma en que el sonido se propaga y el modo en que nos afecta, modificando nuestra potencia y la intensidad de nuestra experiencia sensible.  Como mencionaba antes, un secreto contado al oído también es sonido, pero no siempre llega a nosotros bajo la forma de la confianza. A veces resguarda las palabras de alguien más y vuelve posible una intimidad compartida; otras, introduce tensión, inquietud o incluso una forma de perturbación. En ese sonido mínimo, conocido solo por dos personas, puede anudarse tanto el vínculo como su descomposición. Por otra parte, un grito en forma de agresión nos deja marcas, puede dañar literalmente nuestros oídos, arruinarnos el día o incluso alojarse en la memoria y en el cuerpo para reaparecer más tarde. Un grito, al igual que un portazo inesperado, modifica nuestra postura, nos hace encoger el cuerpo, agachar la cabeza, mirar hacia otro lado, y ese sonido eventualmente se sedimenta en nosotros, creando una forma de estar con el propio cuerpo y con el entorno.

Así como la escucha se expande me parece interesante ver cómo nos lleva hacia sitios que no esperábamos, entenderla como una puerta que permite al exterior manifestarse en nosotros de múltiples maneras. Así como el Deep Listening nos invita a recordar sonidos que nos generaron placer, felicidad o incluso en términos spinozistas, nos potenciaron, podemos utilizarla como una forma de expansión personal y colectiva. 

El caos sonoro de la ciudad, los gritos, insultos y palabras dañinas que a diario nos atraviesan pueden ser redireccionados o apaciguados mediante evocaciones sonoras que generen narrativas protectoras. Pues, así como la escucha se expande, también lo hacen la saturación y la ansiedad; por eso es necesario entenderla como un vínculo hacia el afuera, que nos permite discernir dónde ponemos el foco y con quién compartimos esa experiencia.

2 . Expansión

Pero esto me lleva a pensar que la escucha no necesariamente es un lugar feliz, ya que implica encontrarse con tensiones y fricciones que nos conectan con zonas que desconocemos. La escucha se puede expandir a varios niveles, en nuestro interior y como una forma de escaneo emocional y corporal, como mencioné más arriba. Pero también, en un siguiente nivel, se puede expandir en nuestro grupo de personas cercanas y convertirse en una atmósfera en la cual habitar el sonido es un valor en sí. Donde las palabras transportan información decodificable como ideas, valores, sensaciones o áreas de intercambio sutil, de indecisión o mensajes confusos que son parte de un flujo sonoro cuidado y curado.

Afortunadamente me considero parte de un grupo de personas que generan espacios de escucha, que pueden crear atmósferas de intercambio sutil de sonidos y vibraciones. Es ahí donde empiezo a preguntarme si sería posible pensar, una vez más con Spinoza, en una ética de la escucha que pudiera expandirse todavía más: una ética que ya no se limite a zonas, áreas, colectivos o grupalidades, sino que permita imaginar territorios y regiones.

La tecnología, las redes, el aislamiento, la velocidad, la intensidad y la sobreabundancia de información parecen empujar nuestra percepción hacia un futuro cada vez más dirigido y condicionado, dentro de marcos específicos de experiencia. Frente a eso, la escucha puede abrir lapsos y huecos en la saturación, y también tejer redes interconectadas donde percibir se vuelva algo más potente que recibir y procesar información.

La escucha es creatividad, tensión, fricción, suavidad y la posibilidad de hacer emerger algo nuevo y, en apariencia, indescifrable entre uno y los demás. Crear atmósferas donde conocer a otros y autoconocerse es posible, donde la potencia para crear se esconde en las inflexiones de la voz, en la saturación suave y cálida de un secreto susurrado —entendido aquí como un gesto de confianza—, en palabras que no transportan mensaje en código sino en afectos vibratorios. Allí es donde podremos crear un lenguaje nuevo, colectivo y expansivo ¿Qué futuro nos espera?

 Bibliografía
  • Oliveros, P. (2019). Deep Listening: Una práctica para la composición sonora. Dobra Robota Editora.
  • Spinoza, B. (2018). Ética. Troquel.
  • Trower, S. (2012). Senses of Vibration: A History of the Pleasure and Pain of Sound. Continuum.

Catriel Nievas
Compositor y artista sonoro de Buenos Aires, Argentina. En su trabajo explora la relación entre afectos y escucha a través de conciertos ambient, drone y sesiones de escucha grupales. Es productor musical y trabaja con artistas musicales y sonoros en su estudio Espacio Ceibo. Además, compone música para cine y fue nominado al Premio Cóndor y premio Sur 2026 por mejor música original. Se desempeña como docente en la Facultad de Diseño de UADE y en la carrera de Música Electrónica de EMBA. Desde hace cinco años desarrolla investigaciones sobre escucha, afectos y sonido, que comparte a través de workshops y charlas en distintas ciudades de Argentina y México, tanto en instituciones académicas, radios, librerías y museos como en encuentros personalizados orientados al desarrollo de proyectos y obras sonoras.

https://catrielnievas.com/



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