Artista
Daniela Pedraza Gómez
Desde finales de los años noventa, con la digitalización del audio, el periodismo sonoro comenzó a desplazarse de los medios tradicionales hacia nuevas modalidades de escucha y otros soportes. El podcast emergió como un formato clave, especialmente en la narrativa de no ficción; sin embargo, reducir el periodismo sonoro a esta plataforma sería limitar su alcance, pues su potencia excede cualquier formato y abre un campo de experimentación que atraviesa disciplinas y lenguajes.
Las transformaciones tecnológicas —la transmisión libre por internet, el abaratamiento de las grabaciones, la portabilidad de los dispositivos y la posibilidad de pausar o repetir— modificaron profundamente nuestra relación con el sonido. En este contexto, el radioarte reaparece no solo como práctica estética, sino como herramienta social capaz de ampliar las formas de investigación y narración.
Desde esta perspectiva, propongo el concepto del periodismo so(noro)cial, un término que subraya la inseparabilidad entre lo sonoro y lo social en la práctica periodística contemporánea.
En primer lugar, lo sonoro “no como producto, sino como instrumento, como herramienta para dar forma a eso que servirá para establecer la frontera (siempre inestable) entre lo propio y lo ajeno, para establecer un espacio —individual y colectivo—, en definitiva, y para apuntalar a ese “yo” que se irá configurando y reconfigurando como sí mismo en ese relato que durará el tiempo que dure su propia vida” (Beltramino, 2018). Lo sonoro se manifiesta en la voz, la música, los efectos y el silencio: en el conjunto de elementos del lenguaje acústico que permiten construir y habitar una historia.
En segundo lugar, lo social, entendido como denuncia y como una herramienta crítica frente a los relatos dominantes. Un periodismo orientado a la interpretación profunda y a la construcción de una conciencia política y cultural: menos inmediato, más reflexivo y con investigación de fondo, que puede nutrirse del periodismo narrativo y, desde allí, conectar con el radioarte desde una dimensión colectiva y ligada a su entorno.
El auge de las historias de no ficción ha reactivado la creatividad de la narrativa radiofónica, ahora expresada a través de nuevos formatos y géneros periodísticos. El periodismo so(noro)cial explora lo performativo y lo experimental, ampliando las posibilidades narrativas del relato sonoro.
Ante este panorama, surge una pregunta clave: ¿puede el periodismo, desde el radioarte social, construir nuevos sentidos para entender el mundo? Como sostiene Contreras Medina (2015): “el cruce de caminos entre el periodismo y el arte reside en lo público, un lugar común que se aprovecha para enviar una llamada a la audiencia o al espectador con la intención de hacerles reflexionar, tomar una decisión, adoptar una postura o compartir algunos razonamientos sobre algún tema de actualidad o trascendental.” Aunque a menudo se ha asociado el arte con una esfera abstracta o separada de lo cotidiano, también es posible concebirlo como una forma concreta de comprender la historia, el territorio e incluso a nosotros mismos.
A manera de antecedentes, el periodismo sonoro se expandió rápidamente gracias al podcasting, la radio, el cine, el streaming e incluso el teatro. Cada una de estas disciplinas aporta desde sus propios lenguajes, siempre que exista un compromiso con la investigación rigurosa y el impacto social. En esta línea, el músico y artista Peter Cusack destaca que “los sonidos son detonantes poderosos para motivar una investigación. Escuchar con atención un lugar puede revelarnos los hilos sonoros que corren en las narrativas y problemas que se pretenden indagar, o bien, sugerirnos inesperadas preguntas y directrices a seguir” (2011). Escuchar con profundidad nos sitúa en el presente de una forma distinta: incluso cuando no vemos directamente una problemática, el paisaje sonoro puede darnos pistas para seguir una historia.
En este futuro-presente, imaginar un periodismo so(noro)cial se vuelve una necesidad urgente frente al predominio de la desinformación, el contenido espectacular y la lógica del consumo informativo. La apuesta por este tipo de periodismo implica una práctica crítica que se construye desde la escucha activa, el cuidado del otro, la investigación rigurosa y una ética comprometida. Como señalaba Kapuściński: “nuestra profesión necesita continuos reajustes, modificaciones, mejoras. Claro está, debemos atenernos a ciertas reglas generales. Ser éticamente correctos, por ejemplo, es una de las principales responsabilidades que tenemos. Pero, por lo demás, nuestro objeto está en continuo movimiento.” Repensar la labor periodística implica narrar desde las herramientas y posibilidades que nos ofrece nuestro tiempo.
Hace más de veinte años, cuando el radioarte irrumpió en el medio radiofónico, comenzó a abrir grietas en la narrativa tradicional del periodismo sonoro. Fue, en cierto modo, una primera invitación a experimentar sin renunciar al plano informativo. Desde entonces, distintos artistas e investigadores han contribuido a reflexionar sobre los cruces entre periodismo, arte y —más recientemente— tecnología, cuestionando sus límites y posibilidades.
Es momento de provocar una ruptura en la manera en la que articulamos un hecho noticioso, a dejar fuera las estructuras convencionales y narrar desde lo estético sin temor a perder rigor. Permitirnos salir del periodismo estrictamente objetivo, explorar lo subjetivo y conectar con las historias que nos rodean, cuestionando y provocando desde otros lenguajes.
Es en este sentido que, en el periodismo so(noro)cial, la escucha deja de ser una simple técnica para convertirse en una práctica crítica, encarnada y profundamente política. Escuchar no es solo una acción técnica, sino una manera de estar en el mundo. Desde esta perspectiva, el concepto de escucha situada adquiere relevancia como herramienta narrativa: una escucha que se posiciona desde el territorio, que reconoce la identidad del entorno sonoro y que se deja afectar por los cuerpos, las memorias y las historias que lo habitan.
Haz clic en las imágenes 1, 2 y 3 para escuchar el reportaje sonoro del Encuentro de Educadores Comunitarios de la Biblioteca Ambulante en Comachuén, Michoacán, México.
La escucha situada, como la plantea Hildegard Westerkamp, implica “estar presente en el espacio con todos los sentidos atentos, reconociendo que lo que se oye está directamente relacionado con el lugar desde donde se escucha”. Este tipo de escucha permite narrar desde el paisaje sonoro y no simplemente sobre él. En el periodismo, esto se traduce en una transformación del rol del periodista: ya no como mediador distante, sino como un sujeto inmerso en el sonido del mundo, capaz de hacer audible lo que históricamente ha sido silenciado.
Aquí es donde el radioarte entra en escena como una herramienta que permite explorar otras maneras de construir un relato. Lejos de ser solo una práctica experimental o estética, el radioarte permite reconfigurar los géneros periodísticos desde el sonido, dándoles una dimensión sensorial, subjetiva y crítica. Michel Chion recuerda que el oído es selectivo, afectivo, asociativo, en contraste con la mirada, que tiende a objetivar. En esa selectividad emocional del oído se abre una posibilidad para abordar el conflicto, el dolor o la esperanza desde otro lugar.
El periodismo so(noro)cial, al incorporar el radioarte, no abandona su vocación informativa, sino que la potencia desde lo estético, generando nuevas formas de denuncia. A través de esta fusión, diversos géneros periodísticos encuentran nuevos lenguajes expresivos:
La crónica sonora, por ejemplo, se transforma en una pieza sensorial, donde el ambiente acústico construye atmósferas que permiten sentir el territorio, no solo describirlo. En Crónicas al borde: ¿Qué del río soy? (23 de agosto de 2023), se narra el tránsito y la desaparición de un cuerpo de agua que atraviesa de norte a sur la ciudad de Pachuca, en México.
https://open.spotify.com/episode/2On1YdHiEhYNoZEtmClIDw?si=7d50f5ab23034173
Asimismo, el reportaje investigativo, en su versión sonora, se beneficia del montaje artístico y del diseño acústico para revelar las capas invisibles de una problemática. En Corriente Alterna, Local Merced: lecciones de paz desde un barrio estigmatizado (agosto de 2023), se aborda uno de los mayores riesgos de La Merced: los incendios que ha sufrido durante la última década. El reportaje también explora aspectos como el comercio y la historia del barrio, que ha sido refugio para múltiples comunidades, documentando su cultura, desafíos y transformaciones en la Ciudad de México.
https://corrientealterna.unam.mx/micrositios-especiales/local-merced/
Otro caso es el documental sonoro, que incorpora técnicas del radioarte, como la composición con paisajes sonoros o el uso poético de la voz, logrando relatos híbridos entre lo informativo y lo emocional. Jueves de Corpus: 50 años del Halconazo en México, de Jessica Trejo (10 de junio de 2020), aborda un proceso histórico que no culminó en la masacre del 2 de octubre, sino que continuó tejiendo vínculos hasta junio de 1971. Como señala la autora: “es parte de la semilla que dejó el 68; los jóvenes que se organizaron en sus escuelas, que se apropiaron de espacios públicos, que lucharon por sus libertades y formaron parte de un cambio social que exigía la realidad de ese tiempo con las protestas de ferrocarrileros, médicos, normalistas, etc.” (Trejo, 2022).
También el ensayo sonoro, como plantea Brandon LaBelle, permite pensar el sonido como una forma de pensamiento encarnado: un espacio donde se articula lo subjetivo, lo político y lo performativo. En ECOS: Instrucciones para escuchar el siglo XXI, de Jorge Carrión (14 de diciembre de 2022), el autor reflexiona sobre los desafíos de la escucha en el mundo contemporáneo.
https://open.spotify.com/episode/51oE2yOXGkAtdrfCy3PyVE?si=ba276f50add2415f
Desde esta perspectiva, la denuncia política no queda enunciada sólo a través del contenido, sino también desde las formas del decir. La manera en que se edita una voz, el lugar en el que se elige guardar silencio, el ritmo de una narración o el modo en que se yuxtaponen ambientes acústicos son ya elecciones políticas. Como señala Rosa María Alfaro, lo sonoro tiene la capacidad de activar una escucha reflexiva, una que interpela y desestabiliza la comodidad del receptor.
La escucha situada, entonces, no es solo una técnica narrativa, sino también una ética de la narración. Implica hacerse responsable del lugar desde donde se escucha, cuestionar los dispositivos del poder que definen qué sonidos merecen ser oídos y cuáles no, y asumir que narrar con el oído es también una forma de cuidar, de denunciar y de resistir.
En este sentido, el periodismo so(noro)cial plantea una práctica periodística que se aleja de las estructuras rígidas y del mandato de la objetividad como único criterio de verdad. Apostar por el cruce entre periodismo y radioarte no implica estetizar la información, sino dotarla de nuevos sentidos, de memorias sonoras y de resonancias sociales que permitan reimaginar las posibilidades políticas de narrar desde la escucha.
Nuestra labor periodística actual debería preguntarse: ¿Cuál es el devenir del periodismo hoy? ¿Con qué herramientas podemos narrar historias cargadas de conciencia social? ¿Cómo puede lo sonoro ayudarnos a construir nuevos caminos para entender el mundo?
Estas preguntas no aparecen de manera aislada. Se inscriben en una tradición de cruces y desplazamientos que han ido expandiendo las formas de narrar lo real. Una de las más relevantes ocurrió en la década de 1960, con el surgimiento del Nuevo Periodismo en Estados Unidos, el cual priorizó las emociones, los sentidos y las imágenes vívidas. Paralelamente, en América Latina, el periodismo narrativo encontró un terreno fértil y, más recientemente, ha experimentado un auge significativo en el formato sonoro.
Antes de estas rupturas, la relación entre la literatura y el periodismo ya había abierto la puerta a nuevas formas de narrar. La influencia del realismo mágico en la crónica latinoamericana introdujo recursos retóricos, estructuras poéticas y juegos de lenguaje que enriquecieron el discurso periodístico. Pero no se trató solo de un cambio narrativo: también implicó una confrontación entre lo estético y lo ético, entre la objetividad y la subjetividad, entre la veracidad y la ficción. Plantear que el realismo mágico dejó preguntas abiertas al periodismo es una manera de comprender el presente narrativo hispanohablante, cuyas resonancias están muy presentes en la propuesta del periodismo so(noro)cial que aquí desarrollo.
Para Fernando Medina, profesor de la Universidad de Sevilla, interpretar el proceso creativo del periodista es fundamental para comprender que no existe una diferencia tajante entre periodista y artista. Esta idea se justifica desde la compleja —pero cercana— relación entre la literatura y el periodismo. ¿Qué ocurre cuando una crónica se asemeja a una novela o un cuento? Tal vez plantearnos estas preguntas nos permita abrir el periodismo a otros medios y formatos, sin traicionar su esencia informativa.
En el ámbito del periodismo, lejos de una banalización de la tradición de los géneros, lejos de la imitación burda de los estilos literarios, los nuevos periodistas adecúan estéticamente sus recursos con la finalidad última de informar a su público de un hecho relevante y de trascendencia pública. La carencia de modelos expresivos que permitan abordar las experiencias del presente vividas de primera mano, condujo a los periodistas hacia la experimentación (Medina et al., 2018).
Tomando en cuenta que el periodismo implica no solo una mirada crítica sobre los acontecimientos, sino también la responsabilidad de narrarlos, interpretarlos y ponerlos en diálogo con las experiencias sociales y culturales de su tiempo, me pregunto: ¿Qué parámetros debemos tener presentes para narrar desde el periodismo so(noro)cial? ¿De qué manera el lenguaje sonoro puede convertirse en una herramienta para el cambio social? Estas inquietudes se intensificaron tras mi experiencia en la Bienal de Radio (septiembre de 2023), donde, a través de mesas de diálogo, entrevistas y murmullos compartidos, surgieron propuestas para repensar no solo las formas de hacer periodismo, sino también el modo en que entendemos nuestra labor.
A partir de estas reflexiones, propongo algunas claves para pensar el periodismo so(noro)cial:
- Invitar a que las propias comunidades se narren, que cuenten sus historias desde sus territorios y en sus propios lenguajes.
- Exponernos directamente a la experiencia que queremos narrar, como¨periodistas, artistas sonoros o radioastas, evitando mediaciones cómodas o distantes.
- Explorar las posibilidades de narrar con sonidos, atreviéndonos a salir de lo obvio y de las estructuras convencionales del reportaje, la crónica o la nota.
- Preguntarnos: ¿Qué voces han sido históricamente silenciadas o desdibujadas por las formas dominantes del relato periodístico? ¿Cómo evitar que el mensaje se diluya al adaptarse a los lenguajes digitales?
- Pensar las historias desde el oído, permitiendo que la escucha revele al otro sin imponer interpretaciones ajenas, entendiendo que escuchar también es una forma de cuidar.
- Deconstruir la estructura tradicional periodista-entrevistado, para proponer espacios de diálogo real y escucha activa.
- Reconocer el paisaje sonoro como parte del entorno y comprender que, cuando se silencia, se silencia también una parte de la verdad de la historia.
- Resistir a la inmediatez, escuchar con detenimiento, pensar en la noticia desde otras posibilidades narrativas.
Es fundamental no temer a explorar otras posibilidades de narrar, concebir al radioarte no solo desde lo estético, sino también pensarlo desde su función social, capaz de iluminar y amplificar problemáticas sociales urgentes. En este sentido, integrar el radioarte al periodismo so(noro)cial abre paso a una narrativa menos hegemónica, más plural y transformadora.
Bibliografía
Contreras Medina, F. R., & Gil González, J. C. (2016). Periodismo y arte: dos caminos creativos entrecruzados. Estudios sobre el Mensaje Periodístico, 22(2), 695-707. https://doi.org/10.5209/ESMP.54230idus.us.es+2
Kapuściński, R. (2000). Los cínicos no sirven para este oficio.
Anagrama. Westerkamp, H. (1974). Soundwalking. Sound Heritage, 3(4), 18–27.
Chion, M. (1990). La Audiovisión: Introducción a un análisis conjunto de la imagen y el sonido. Paidós.
Alfaro, R. M. (1983). Comunicación para otro desarrollo. A.C.S. Calandria.
Beltrán, L. R. (2018). La frontera interior: Un modo de entender Latinoamérica desde sus ausencias. Editorial Cuarto Propio.
Cusack, P. (2011). La grabación de campo como periodismo sonoro. Laboratorio de Música Libre. Recuperado de
https://laboratoriodemusicalibre.wordpress.com/2016/09/02/que-es-el-periodismo-sonoro
Daniela Pedraza Gómez es periodista especializada en producción radiofónica (UNAM) y con estudios en Artes Plásticas (INBA). Su trabajo se sitúa en el cruce entre periodismo sonoro, arte sonoro y escucha situada como herramienta narrativa, política y de cuidado. Ha participado en el Seminario Sociofonías de la Fonoteca Nacional y en el Laboratorio de la Tercera Oreja de Tsonami. Desde 2020 gestiona @teporingx donde realiza retratos sonoro-sociales de comunidades en resistencia y colabora en @laboratoriosinestables, desarrollando exploraciones con circuitos electrónicos desde una perspectiva DIWO.
https://soundcloud.com/daniela-efe-374757901
@descuchatoria
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