Narrativas sonoras de las casas de interés social

ARTISTA
Michelle Melanie Ibarra Flores

Narrativas 

             sonoras

    de

                  las 

                                casas

                           de 

                                                  interés

                                                                       social

  • Sábado por la noche
  • La tele en la sala está prendida
  • En la cerrada se escuchan diferentes géneros de música
  • Cada uno proveniente de una casa distinta
  • Las casas están pegadas como muéganos, todo se oye
  • El collage entre Pimpinela, Bad Bunny y Jim Morrison
  • Es algo a lo que mi oído ya se acostumbró
  • Es sábado
  • Es quincena
  • La fiesta es común
  • No es habitual que por aquí haya silencio
  • De repente empieza el desmadre
  • Dice la señora Celia que hasta atrás de la cerrada hay puro guey metido en cosas pesadas
  • Empiezan los gritos y las mentadas de madre
  • Yo no me asomo, mi perro sí
  • La pelea tuvo un recorrido de doce casas
  • Y ahora están enfrente de la mía
  • Le subo a la tele
  • Mi hermana se pone sus audífonos
  • Mi perro gruñe
  • Se escuchan siete balazos
  • Gritos
  • Mi perro ladra
  • Suena el escape de un coche que se larga
  • Todos apagamos nuestras luces
  • Ni Pimpinela, ni Bad Bunny, ni el “love me two times” suenan ya
  • Nadie enciende la alarma vecinal
  • Con esos gueyes no hay que meterse

Paisaje sonoro, sábado 11:35 pm del 15 de Agosto del 2021.

Donde quiera que estemos, 

lo que oímos en mayor parte es ruido.

 Cuando lo ignoramos nos molesta. 

Cuando los escuchamos, 

lo encontramos fascinante.

 John Cage

El paisaje sonoro es único, en cuanto a espacio y tiempo nos referimos, pues cada cual tiene su implicaciones simbólicas dependiendo de en qué territorio nos encontremos, deriva su diferencia incluso de la hora en la que estemos situados en el espacio. El paisaje sonoro es así movimiento, está vivo pero también es representativo de su zona.  R. Murray Schafer, en su libro The Soundscape: Our Sonic Environment and the Tuning of the World, cataloga los paisajes sonoros en seis partes: los naturales, los de la vida, rurales, los que se encuentran en el viaje hacia la ciudad, los industriales y los electrónicos. El paisaje sonoro es así todo lo que alcanzamos a percibir con el sentido de la escucha en el contexto en el que nos encontramos. En este aspecto, es fácil hacer entonces un mapeo sonoro del lugar en el que estamos parados, recreando un espacio en el que nos movemos todos los días pero en el cuál muchas veces no ponemos especial atención. 

Las cuatro estaciones de Vivaldi son cuatro conciertos para violín y orquesta que fueron creados para hacer alegoría a las estaciones del año, creando así un paisaje sonoro.  Este tipo de género se le reconocería más adelante como música programática y música de descripción. La música programática tiene como objetivo evocar ideas o imágenes en la mente del oyente teniendo la posibilidad de representar escenas y estados de ánimo. Si bien estos conceptos son exclusivos de la música tradicional europea, a lo largo de la historia del arte ha propiciado el seguimiento del estudio del paisaje sonoro en tanto a su función de alegoría.

En cuestiones de paisaje sonoro, el artista Emeka Ogboh tiene una intención de representación al captar en su obra 6​°​30​’​33​.​372​”​N 3​°​22​’​0​.​66​”​E el distrito de Ojuelegba, en Lagos. En ella se pueden escuchar field recordings y voces hablando en el lenguaje pidgin nigeriano, el artista crea así una composición que nos hace viajar al contexto de vida de la ciudad. La obra de este artista deja entender el abordaje del espacio como un lugar que nunca se mantiene vacío y que, en cuestiones humanas, la sonoridad siempre hace referencia a la existencia. En aspectos físicos lo que me interesa del sonido son los afectamientos de la reverberación en el cambio perceptual del espacio que, al mismo tiempo, está ampliamente vinculado al simbolismo de los sonidos en un sentido antropológico y psicológico. Así, la composición sonora proveniente de la grabación de sonidos sobre el hogar no sólo habla de una problemática de vivienda, sino que también narra a través de las vivencias de la familia una verdad particular-general. Al admitir que la intención con este archivo es simular el paisaje de la casa de interés social en la que se desarrolló gran periodo de mi vida, espero no sólo aproximar al espectador a una narrativa social descentralizada de las ciudades, sino también abordarlo a un contexto de vivienda a través de la espacialidad sonora que, en acompañamiento de la imagen, se logre una experiencia en donde cualquiera puede encontrarse.

El sonido como e s p a c i o

El sonido hace referencia a la existencia. Más allá de nuestra necesidad de comunicarnos, existe también la de expresarnos. En el espacio privado de la intimidad, ¿qué sonidos pueden existir? sonidos que se resistan a lo público por su cualidad de vergonzosos, prohibidos o muy secretos. Las experiencias en un cuarto sin objetos de por medio, se convierten rápidamente en memorias y, la resonancia no alcanza a quedarse como souvenir. Si existieron gritos, susurros y risas estas se fueron junto con su evocador. Pero mientras rebotan en el cuarto las paredes pueden cambiar hasta de color. Con la risa, la luz que entra por la ventana se hace cálida, y con un grito, funesto y violento, el techo se quiebra y el cuarto se vuelve incómodo e insoportable de permanecer. El sonido es un ente participante del momento, un objeto no matérico que tiene la completa capacidad de cambiar la percepción de un contexto supuestamente inamovible.

El sentido de la escucha tiene un espectro más amplio en los seres humanos que el visual, por lo que es más fácil sentirnos estimulados bajo un contexto de mucho ruido. El sonido tiene una composición abstracta, y aun así podemos entender que un grito se refiere a peligro sin tener mayor información, es instintivo y también un medio comunicativo inherente a nosotros, inclusive desde antes de nacer. El sonido es entonces lenguaje. El espacio y tiempo que definen el contexto de un suceso no son ajenos a las cualidades del sonido. Escuchar un susurro en una habitación pequeña y luego tratar de captarlo en la amplitud y el estruendo de la ciudad es un ejemplo de esta condición contextual. El sonido es una onda mecánica, longitudinal y tridimensional. La percepción sonora dependerá de sus tres principales cualidades que son: presión sonora, intensidad y potencia. También dependerá del espacio matérico en donde se genere el sonido, es decir, se necesita de un medio físico con moléculas para propagarse y, a partir de la fuente, se propaga en todas direcciones. 

En un espacio cerrado, un oyente percibe el sonido directo pero también el reflejado, el cual se ha producido al reflejarse la onda en las distintas superficies limitantes de ese espacio. El fenómeno de reflexión se repite multitud de veces, de forma que todas las reflexiones se superponen entre sí resultando una distribución uniforme llamada campo reverberante.

La importancia de la reverberación está en que a este sonido reflejado se le considera creador de un ambiente sonoro que genera una sensación de espacio. Tras estos datos me atrevo a ir a un aspecto más poético acerca de cómo el sonido, aunque no visible, sí ocupa un espacio, además de crear un ambiente. El ejemplo más claro que se tiene sobre este suceso es el ya estudiado en términos físicos y psicológicos sobre la música, sin embargo, en este trabajo el interés recae sobre toda referencia al sonido, artificial o no, en otros términos, las geofonías y las antropofonías, conceptos creados por  Schafer para separar los sonidos naturales del hábitat y los creados por el hombre que tienen un origen mecánico. Esta distinción es importante pues en el paisaje sonoro urbano habitual existe una entremezcla de ambas partes con las que interactuamos día a día.

La dialéctica entre el espacio y el sonido ha sido un enfoque importante en mi vida, dada la dura presencia que tiene la arquitectura del hogar en el que crecí por más de 15 años, esta casa era de interés social y estaba ubicada en el municipio de Coacalco en el Estado de México. A los seis años adquirí conciencia del espacio en donde vivía al ver que sacando la cabeza por la ventana de mi cuarto podía ver la habitación de mi vecino que tenía la misma edad que yo, con el cual podía platicar y con el que tuve la sorpresa de que podíamos intercambiar juguetes al aventarlos cada quien hacia la ventana opuesta. Al entrar a la primaria vino la etapa de comparación, pues a esa edad empecé a ir a las casas de mis amigos y entendí que existían otros tipos de casas muy diferentes a la mía, en las cuales pasaban cosas muy diferentes y que yo no había vivido. Entre estas experiencias encontraba fascinante que hubiera más de dos recamaras, que la cocina fuera más grande o que tuvieran un patio para poner una mini casita en él y tener varios perros. Sin embargo, la cosa que más le pareció curiosa a mi yo de 7 años dentro de estos nuevos espacios, fue el silencio. La posibilidad de «no sonido» y de privacidad fue algo de lo que tuve envidia por muchos años y por lo que no pude ver mi hogar de la misma manera.

Por mucho tiempo hice responsable a la arquitectura de mi casa sobre lo que pasaba dentro y alrededor de ella. La violencia que se empezó a vivir a los alrededores de mi conjunto habitacional parecía apretarnos más y más, y lo que pasaba dentro de mi hogar a lo largo de mi desarrollo parecía contenerme y aislarme dentro de mi propia casa y de mi propia mente. En mi adolescencia me di cuenta lo mucho que me afectaba el sonido, el habla se volvió grito, y cada vez que escuchaba un sonido el que no podía controlar, como el ruido de los vecinos, hacía crecer en mí una molestia que se desarrolló a lo largo de los años y a lo que hoy le llamo ansiedad. Tanto fue el crecimiento de este padecimiento que, hasta el día de hoy, siempre tengo audífonos conmigo a la mano, pues la sensibilidad sonora se volvió algo crónico y que, por lo visto, tampoco fue ajeno a mi hermana y a mi madre, dado que es fácil observar la necesidad de encierro dentro de una burbuja sonora, pues cada integrante dentro de la casa suele tener un espacio controlable donde se pueda mantener el máximo silencio posible. Es por ello que el baño resulta ser el lugar donde más tiempo se pasa, puesto que al estar entre los dos bloques que construyen las dos habitaciones se logra una pequeña insonorización de los ruidos provenientes de la casa con lo que se permite un momento de intimidad.

El hacinamiento sonoro

Cuando buscas en internet las palabras casa y sonido, puedes encontrar una amplia variedad de sistemas de sonido inteligentes cuyo fin es el de reproducir un mejor sonido a la hora de escuchar música o ver una película. Sin embargo, en la búsqueda dentro de internet es difícil encontrar información acerca de la relación entre la arquitectura de una casa y la sonoridad. El poco estudio sobre este tema lleva a imaginar un sinfín de posibilidades de enfoques en la arquitectura que aborden estas problemáticas. Posibilidades que no están siendo exploradas y necesidades que son ignoradas. El juego en realidad virtual Notes of Blindness  es una experiencia visual y sonora que habla sobre las experiencias de John M. Hull, académico teólogo que perdió el sentido de la vista y al mismo tiempo registró con notas de voz su experiencia de ceguera. “Los objetos se revelan ante nosotros de una manera diferente”, así lo describe John Hull al prestar atención a los objetos dentro de su casa al momento de que estos hacen sonidos con el choque de la lluvia que se filtraba en el techo. Vemos así que la percepción del espacio se experimenta a través de los sentidos y que, de prescindir de uno, la experiencia es alterada en su totalidad. Ahora, si lo que hacemos es no prescindir de un sentido sino maximizar el estímulo de uno solo ¿qué resultados podríamos obtener? La respuesta se divide en dos opciones, la normalización de los estímulos o la sensibilidad hacia estos. Estas suelen ser las opciones que tienen los habitantes de arquitecturas donde se vive no sólo un hacinamiento físico sino también sonoro, esto debido al acumulamiento de viviendas y a la poca o nula planeación urbana en cuestiones sonoras; “…es la falta de conciencia acústica de muchos arquitectos, que piensan demasiado acerca del aspecto visual de un edificio y demasiado poco acerca de su comportamiento acústico […] En consecuencia se construye de manera acústicamente transparente.”1

La contaminación sonora y visual  son sucesos que a veces se entienden como propios de las ciudades dado a los múltiples estímulos que existen en ellas. Por esto, existen regulaciones en la mayoría de las ciudades del mundo. En México existe el reglamento para la protección del ambiente contra la contaminación originada por la emisión de ruido, publicado por el Diario Oficial de la Federación el 6 de Diciembre de 1982, el cual está estipulado para todo el territorio nacional y está referido a toda emisión contaminante de ruido, proveniente de fuentes artificiales. Este reglamento deja ver la preocupación sobre la contaminación sonora que puede afectar a los pobladores dentro de la ciudad. Con respecto a las arquitecturas generadoras de ruido el artículo 15 de este reglamento estipula lo siguiente:

ARTÍCULO 15.-Los establecimientos industriales, comerciales, de servicio público y en general toda edificación, deberán construirse de tal forma que permitan un aislamiento acústico suficientes para que el ruido generado en su interior, no rebase los niveles permitidos en el artículo 11 de este Reglamento, al trascender a las construcciones adyacentes, a los predios colindantes o a la vía pública, lo anterior sin perjuicio de las facultades que competen al Departamento del Distrito Federal.2

Cabe decir que este aspecto sólo está dirigido hacia arquitecturas industriales como fábricas, terminales aéreas o empresas privadas de entretenimiento como ferias o estadios donde se dan funciones deportivas o conciertos. Todo sonido proveniente de un predio no tiene sanción alguna a menos que las personas habitantes que son colindantes reporten ruido artificial constante y a volumen alto. En lo que se refiere a los sonidos urbanos del día a día, también existen normas sobre el volumen de decibelios de los ruidos que pueden existir en la calle en un horario y sobre qué sonidos requieren de sanción por ser altos contaminantes sonoros para la vida en la ciudad:

ARTÍCULO 37.-Se prohíbe la emisión de ruidos que produzcan en las zonas urbanas, los dispositivos sonoros, tales como campanas, bocinas, timbres, silbatos o sirenas, instalados en cualquier vehículo, salvo casos de emergencia… Asimismo se prohíbe el uso de cornetas o trompetas instaladas en cualquier vehículo, que requiera para su funcionamiento compresor de aire y que produzcan melodías o sonidos musicales.3

Muchos somos testigos de que, aunque existan las normas ya mencionadas, existen ruidos que, aunque no permitidos, forman parte ya de la vida diaria y que, incluso, suelen ser reconocibles y atribuibles a una región específica del país. El sonido del metro, los murmullos del tráfico, el camión de la basura, y el sonido del silbato del señor de los camotes pueden darnos un contexto sonoro que nos sitúa indudablemente en la Ciudad de México. Sin embargo, aunque ya normalizados, los estímulos sonoros de la ciudad afectan a la vida de sus habitantes, elevando los niveles de estrés al permanecer en un ambiente con mucho ruido constantemente. El híper estímulo sonoro trae consecuencias y riesgos fisiológicos que siguen siendo estudiados sobre todo en su sentido de generación de estrés, puesto que existen varios estudios que demuestran el afectamiento directo de la salud al estar expuestos al ruido constante:

Al igual que otros estresores, perturba la homeostasis de los sistemas cardiovasculares, endocrino e inmune para hacer frente a las demandas ambientales o percibidas por el individuo. La incapacidad de enfrentarse a la sobreestimulación puede conducir a reacciones de estrés adversas.4

El hacinamiento es entendido como el acto de  amontonar, acumular y juntar sin orden. También se refiere a la aglomeración de animales o individuos en un mismo lugar. En ese sentido, hablamos de un acaparamiento corpóreo-espacial que no solamente involucra la percepción visual, sino que, es en realidad, una percepción integral de todos los sentidos. El hacinamiento sonoro puede entenderse entonces como el híper estímulo al sentido de la escucha. Esto trae consigo el afectamiento y el desgaste de la percepción sonora, pero también la perturbación de la percepción espacial y psicológica.

La contaminación acústica puede causar o contribuir a los siguientes efectos adversos: ansiedad, estrés, nerviosismo, náusea, dolor de cabeza, inestabilidad emocional, tendencia a la discusión, impotencia sexual, cambios de humor, incremento en conflictos sociales, neurosis, histeria y psicosis.5

Por lo tanto, la importancia del sonido en el espacio no se reduce a la estructura de este, ni tampoco a los evocadores externos, también reside en el sujeto receptor de los estímulos. En relación, se puede decir que el exceso de ruido y sonidos no son ajenos en nuestra cultura, día a día escuchamos múltiples sonidos que se atribuyen a nuestro contexto nacional y social. Y del mismo modo, el hacinamiento sonoro no es extraño para nadie, ya que todos alguna vez nos hemos sentido aturdidos por el ruido que genera la convivencia en familia, el vecino que taladra un lunes a las 12 am, o el camión de la basura. Sin embargo, cuando la arquitectura se presta para crear más resonancia en estos ruidos y crea aún más hacinamiento gracias a esto, es entonces cuando es necesario repensar en qué posición se deja la importancia del espacio sonoro.

La reflexión en torno a esta cuestión es obligatoria si de construcción de casas hablamos, y más si se habla de proyectos sociales. El híper estímulo sonoro no sóllo puede producir consecuencias psicológicas, sino también físicas. En el caso de las casas de interés social, dada su arquitectura y su posición geográfica dentro de una comunidad, este hecho se agrava. “Entre viviendas el muro construido es de tipo medianero, que resulta insuficiente para el aislamiento sonoro y provoca la exposición de la vida privada, más aún, la irrupción de la privacidad de los vecinos.”6

El problema del hacinamiento sonoro dentro de las casas de interés social se debe al tipo de materiales para la construcción de muros que no logran insonorizar los ruidos externos ni internos, y el acumulamiento de viviendas en calles estrechas que facilitan no sólo la molestia por el ruido vecinal, sino que también hay una pérdida en la privacidad dentro del hogar, creando una dialéctica problemática entre el espacio sonoro y los habitantes de estas construcciones. A lo largo de los meses de confinamiento los residentes del conjunto habitacional en Coacalco pudimos darnos cuenta del incremento de la violencia en nuestra comunidad a través del contexto sonoro, ya que al estar prácticamente pegadas las viviendas unas a lado de otras es fácil escuchar las conversaciones de los demás habitantes, así como también la situación de vida y de violencia en la que viven. De este modo, los vecinos logramos saber que la venta de drogas en el conjunto había aumentado y que varios vendedores se habían mudado a la zona, provocando homicidios entre pandillas que se discutían el territorio. A partir de ese momento, los sonidos de balazos en la misma calle o en las contiguas se incrementaron a tal punto, que pasado medio año de confinamiento los sonidos de accionamiento de armas se normalizaron a tal grado que los residentes del conjunto y sus aledaños seguían con sus actividades normales aun escuchando disparos a los alrededores. El hecho de la normalización hizo que pensara entonces acerca del impacto de los sonidos de la violencia en mi comunidad, y de cómo las acciones de las autoridades sólo son reaccionarias ante los hechos físicos pero no sonoros de la violencia. El conocimiento del otro a través de la intimidad es un punto clave para hacer relación, y así llegar a considerar a otra persona como familia a pesar de no ser consanguíneos. De esta manera se puede entender que el concepto de hogar es, sobre todo, un sentimiento que puede atribuirse a varias situaciones, pues no está bajo ninguna normativa. El hogar puede englobar al sujeto/ los sujetos, a la arquitectura y a los sentimientos generados por medio de la pertenencia. Este canal de comunicación entre la arquitectura y lo humano es importante para la persona que habita una estructura. En el caso de la construcción de casas serializadas hay un impacto en esta correspondencia, ya que se le quita al inquilino la capacidad de responder al espacio debido a la rigidez de este. Cuando hablo de la rigidez, me refiero a los materiales, espacio y tiempo de construcción de este tipo de casas, los cuales son puntos importantes para la construcción de una arquitectura, pero en este caso muchas veces poco se piensa en estos tres puntos vitales, y se construyen en zonas que no están pobladas como si rellenar el espacio no utilizado fuera la única meta. Este hecho es fácilmente comprobable, ya que actualmente existen en México aproximadamente 5 millones de casas de interés social no habitadas.

Al ser de interés social fueron construidas con una calidad baja y en zonas marginadas. «Le prometían a la gente que iban a llegar fábricas y ahí iban a encontrar trabajos. Eso nunca pasó, entonces la infraestructura nunca llegó y se quedaron en zonas muy inseguras y poco desarrolladas, obligando a muchas personas a irse», puntualizó Milena Dovalí, coordinadora de Investigación de Oxfam México.7

La comunicación con la arquitectura rígida en el caso de estudio del municipio de Coacalco suele darse de dos maneras: el abandono o la apropiación. En este último caso existe la sobre-construcción de manera vertical para compensar la falta de espacio que es necesaria para muchas familias. Es de esta modo que se pueden ver casas con dos o tres pisos más, construidos de la única forma en que se puede, hacia arriba. Cambiar el tipo de materiales para estas extensiones, el cambio de piso o una mejora de los dispensadores de servicios básicos como el gas, la luz y el agua también son comunes en estos conjuntos habitacionales. La apropiación como un método para comunicarse con el contexto es necesario para constituir un hogar para una familia, sin embargo, hay un aspecto de estas arquitecturas que no puede cambiarse como los  aspectos visuales, y este es el sonido. Debido a los materiales y el modo en el que están construidos estos “lotes” de casas es imposible tener un control sobre el contexto sonoro. Puede notarse una bifurcación entre el sentido de la estructura material y el ecosistema emocional que nos hace diferir de un lugar donde habitar y otro en donde vivir. En el video Children´s game #15, que forma parte de una serie de videos del artista Francis Alys, el juego de los niños entre casas de Infonavit abandonadas nos pone en evidencia el fracaso habitacional de los conjuntos de interés social en Ciudad Juárez. Su cascarón en ruinas se monta como un espacio liminal para la diversión de unas horas, y la silueta de la casa es ahora a duras penas una maqueta de lo que alguna vez se pensó que era para contener una familia.

Notas
  1. Neuhaus, Max Sound design, 2023
  2. Secretaría de Gobernación 1982,80
  3. Ibid
  4. “Ruido Y Salud – Observatorio de Salud Y Medioambiente de Andalucía: OSMAN” 2016,25
  5. Ibidem, 37
  6. Galeana Cruz 2020, 50
  7. Tate and Thunberg 2022
Bibliografía
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  • “Ruido Y Salud – Observatorio de Salud Y Medioambiente de Andalucía: OSMAN.” 2016. Observatorio de Salud Y Medioambiente de Andalucía: OSMAN – El Observatorio de Salud Y Medio Ambiente de Andalucía (OSMAN) Es Un Centro de Referencia a Nivel Autonómico Que Recopila Y Difunde de Forma Rigurosa La Información Existente Sobre Medio Ambiente Y Salud Y Que Promueve La Investigación En Salud Ambiental. July 7, 2016. https://www.osman.es/project/ruido-y-salud-2/.

Michelle Melanie Ibarra Flores es artista medial originaria de la periferia de la Ciudad de México. Su trabajo artístico se caracteriza por su flexibilidad técnica y expansión conceptual. La preferencia por el arte en movimiento y el arte sonoro se mezcla con los temas centrales de su obra, que son sobre todo de carácter social y político.

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